Un año más, llegaron las fiestas del barrio y con ellas el jolgorio propio de semejante celebración. La gente de mi barrio las vive muy intensamente y se vuelca mucho en su organización y participación.

A todos nos anima tanta alegría y buen humor manifestada en sones de txistus, panderetas y demás instrumentos musicales. Los gigantes salen a pasearse en estas fechas y nosotros les acompañamos aprovechando el buen tiempo superando el recelo que nos dan (tanto al tato como a mí), las atracciones con sus luces y colores nos encantan; un par de viajes en ellas me hicieron sonreír mucho.

El mercado de productos agrícolas fue la excusa para probar mi primer talo con chorizo. ¡Qué ricas son ciertas tradiciones!

 

Estos gigantes me inspiran poca confianza... ¡son enooooormes!

 

Esto me gusta más... ¡vivan las atracciones!

 

¡Repetimos!

 

La música en forma de verbena infantil o pasacalles siempre es bien recibida; al tato y a mí nos encanta

En este proceso de crecer y hacerse un niño grande hay ciertos pasos que no son excesivamente bien recibidos por mi parte. He sido un niño pegado a una teta desde el mismo instante en que nací… adoro mi chupete personal, tantas satisfacciones me ha dado. Las alegrías eran compartidas, las penas también… sin contar con la sensación tan placentera de plenitud cuando había hambre o sed. Pasar página me cuesta y, de hecho, no lo he decidido yo. Parece ser que ha llegado el momento de decirle adiós.

Soy un chico muy positivo, sin duda!! Por eso estoy decidido a ver la otra cara de esta moneda. Ahora las noches y las siestas son para dormir de un tirón, las comidas son mucho más variadas, los sabores y texturas me llaman más la atención al tener más hambre y puedo jugar más con amatxu al dejar de verla sólo como una teta gigante.

Puede que la teta ya no esté para recibir de ella mimos y otra serie de cosas increíbles pero siempre (y eso sí que no cambiará) estará ama para quererme, alimentarme y lo que haga falta. ¡¡Han sido casi dos años de feliz lactancia materna!!

 

Crecer significa dar pasitos de enorme importancia y, a veces, saber renunciar para avanzar

Después de celebrar la Nochebuena y la navidad, llegó el día de fin de año. Lo que me gusta de las fiestas es estar con gente, acompañado por la familia. Se cumplió plenamente en Nochevieja así que estuve feliz y no podía empezar el año mejor. Después de las campanadas me animé con las bengalas para acompañar el ruido de los petardos en la calle y las luces de los fuegos artificiales en el cielo. ¡Qué bonito y qué divertido!

El año nuevo ha traido muchos ratos de juegos, en el parque, en casa, con los aitites, con los abuelos… ¡no he parado! LO mejor, sin duda, llegó el día de Reyes. Después de que el tato me hiciera trasnochar con sus nervios ante la llegada de sus majestades  y después me despertara tempranísimo para abrir regalos tenía un sueño tremendo. Supongo que aún soy muy pequeño para entender esos nervios y tanta emoción… aunque delante de tantos regalos sentí también mucha ilusión y aluciné con tantos juguetes.

 

Por la mañana del día 5 vimos llegar a los Reyes Magos que saludaron muy animosos desde el balcón del ayuntamiento.

 

Por la tarde, la Cabalgata. Primero en brazos de la abuela (emocionadísima)...

 

... después con el abuelo (igual de emocionado)...

 

El día de Reyes me ayudaron a abrir los regalos el tío Oscar...

 

... la tía Itziar...

 

... el tío Paco...

 

... el abuelo...

 

Alguno lo abrí yo solo, orgulloso de ello

 

Contento con todas las cosas que he vivido estas navidades ¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!

 

Las cosas empezaron a cambiar en mis rutinas mañaneras el día que me vestí de forma diferente y celebramos una fiesta en la guardería. Cantamos más animados que nunca con nuestras panderetas; por algo llevamos días ensayando con mucha ilusión. Ese seños barbudo y barrigón que parece ser el que trae regalos a los nenes buenos me gusta y me llama mucho la atención. Le vimos recibiendo a los niños y escuchando sus peticiones, acompañado de caballos y ovejas… ¡con lo que me gustan los animales! Esa misma noche cenamos en casa de los abuelos y nos lo pasamos muy bien,  pero lo mejor estaba por llegar… al despertarnos el tato y yo teníamos un montón de regalos en nuestras zapatillas!! El Olentzero nos trajo todo aquello ¡ya sabía yo que era un tío estupendo! Seguro que le ha parecido bien que creciera tanto, que aprendiera tantas cosas este año y que sea tan divertido, animado y alegre.  ¡¡Seguro que estos regalos me los tengo bien merecidos!!

La abuela nos gustó mucho en su concierto de panxoliñas

 

Vestidos para celebrar la llegada del Olentzero

 

Uno de los regalos del Olentzero, ¡¡un caballo para mí solo!!

Siempre feliz y hoy con más motivos

 

 

La admiración que siento por mi tato no tiene límites, me encanta imitarle y me parece siempre bien lo que hace. Bueno, salvo cuando se avalanza sobre mí a lo bestia porque sé que saldré perdiendo y acabaré lastimado. En esas situaciones huyo despavorido o lloro asustado antes de que pase nada. Pero salvo esas ocasiones soy tremedamente feliz jugando con él, despertándome con él, recibiéndole a la salida del cole… ¡¡Mi tato Mikel es lo que más admiro en el mundo!!

Por él hago lo que sea y él por mí también. Cualquiera que no se fije bien puede pensar que sólo sabemos chincharnos pero los que de verdad nos conocen saben que no podemos vivir el uno sin el otro. En esata etapa de mi vida en la que empiezo a mostrar cierta rebeldía hasta ahora inusual en mí, me hago el orejas cuando me mandan hacer alguna cosa. Seguramente después llega la reprimenda y la amenaza de  un castigo cuando la negativa sigue… entonces el tato, para evitar llegar a mayores, hace la tarea que debía hacer yo. Aunque sea algo que a él le cueste muuuucho hacer (por ejemplo recoger los juguetes), aunque no vaya con él el tema… Él lo hace por mí. Aita y ama se quedan tan gratamente sorprendidos que no dicen nada. Yo ya sé que nos debemos el uno al otro y que le devolveré el favor y el cariño en breve… porque nos queremos mucho.

¡A seguir jugando!

 

Siempre juntos, formamos un gran equipo bien avenido... la mayoría de las veces

 

 

Los virus, esos seres tan viles, pululan a mi alrededor sin darme tregua. Mi historial médico crece por momentos y la cita semanal en su consulta se ha convertido en un ritual; diarreas, tos, mocos, dolor de oídos, fiebre, decaimiento, vómitos… llevo mucho tiempo sin ganas de comer aunque las ganas de jugar no las pierdo nunca. Optimista por naturaleza aparco mis dolencias a la mínima y me lanzo a buscar mis juguetes y mis cosillas para divertirme y canturrear un ratito. Eso sí, las ojeras y la pérdida de peso son evidentes. Ama, no te preocupes : ¡¡mis redondeces volverán algún día!!

Cansado y algo flojo pero animado siempre!!

 

Odio tomar jarabes, me superan y tenemos muchas dificultades para evitar los ascos y las arcadas al tomarlos... una dificultad añadida con tantos tratamientos

 

Me encanta ir al parque, me muevo entre los columpios dando saltitos de feliz alegría buscando momentos de gran diversión. Me fascina sortear los obstáculos hasta llegar al tobogán, subir y andar por puentes, alcanzar alturas vertiginosas y mirar a los otros nenes desde las alturas, mecerme en el columpio… pero sin duda, lo más de lo más, es dar vueltas y vueltas hasta llegar a un mareo muy divertido. Esos columpios que giran y giran me gustan tanto que mi osadía no tiene límites en ellos. Es más; veo uno girando y me lanzo en plancha sobre él para unirme al movimiento giratorio. ¡Me encanta!

 

Este columpio es mi favorito, tanto si Mikel me da como si lo tengo que hacer yo; cuanto más rápido mejor

 

Me encanta el mareo después de girar y girar... se me pone cara pillo

Las tradiciones pueden llegar a ser muy divertidas además de fomentar actividades lúdicas muy interesantes. Las castañas, tan propias de este tiempo, era las protagonistas de la fiesta pero poco interesado en ellas me dio por bailar y animarme al son de la música gallega. Las gaitas me interesan porque aita toca una aunque admito que no me llaman más la atención que otros instrumentos. ¡Me gusta la música sea como sea! Entre aturuxo y aturuxo se ha pasado la tarde, qué bien lo he pasado!! Los abuelos me meten de lleno en unas tradiciones con mucho sabor familiar y así, poco a poco, voy conociendo fiestas muy divertidas.

El abuelo, orgulloso de vernos participar en las tradiciones de su tierra

El tato y yo con nuestra bolsita de castañas asadas (mmmm...)

 

¡Qué bien toca aita!

Tan a gusto estaba durmiendo con aita y ama, no me parecía necesario ningún cambio en este sentido… pero el tato empezó a pedir que durmiera con él, que me fuera a la cama que ya tenía en su habitación. Yo creo que en realidad lo que quería es que amatxu durmiera más cerca de él así que hemos cogido los bártulos y nos hemos trasladado todos al cuarto de Mikel. Bueno, ahora es el cuarto de los dos. Para hacerlo más mío he aportado algún que otro detalle como unos animalitos chulos, una luz pequeñita… El resultado es un sueño reparador y tranquilo aunque no exento de la compañía de ama que se pasa a mi lado gran parte de la noche.

Un paso más… hacia la independencia je,je.

 

Los animalitos me fascinan, estoy aprendiendo sus nombres poco a poco

 

¡Venga, a dormir!

 

¡Gracias, tato, por compartir conmigo esta habitación!

 

Contentos de estar juntos también por la noche...

 

 

Volar, moverse por el aire y escalar por encima de aita, el tío o ama es una de mis mayores diversiones. Me encanta que me muevan de forma divertida sintiendo que no hay peligro… vamos, que pueda evitar caerme y pegarme más de un golpe innecesario. El tato me inició en este difícil arte del juego bruto y me encanta probarlo aunque me fíe poco de él precisamente. Mejor me pongo en manos del tío Pato (como le llama Mikel) para divertirme y no salir lastimado je,je.

 

¡Vamos en tren! ¡¡Y yo soy el capitán, en cabeza!!

 

¡Vamos a escalar al tío Paco!

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