Un año más, llegaron las fiestas del barrio y con ellas el jolgorio propio de semejante celebración. La gente de mi barrio las vive muy intensamente y se vuelca mucho en su organización y participación.
A todos nos anima tanta alegría y buen humor manifestada en sones de txistus, panderetas y demás instrumentos musicales. Los gigantes salen a pasearse en estas fechas y nosotros les acompañamos aprovechando el buen tiempo superando el recelo que nos dan (tanto al tato como a mí), las atracciones con sus luces y colores nos encantan; un par de viajes en ellas me hicieron sonreír mucho.
El mercado de productos agrícolas fue la excusa para probar mi primer talo con chorizo. ¡Qué ricas son ciertas tradiciones!
































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