La admiración que siento por mi tato no tiene límites, me encanta imitarle y me parece siempre bien lo que hace. Bueno, salvo cuando se avalanza sobre mí a lo bestia porque sé que saldré perdiendo y acabaré lastimado. En esas situaciones huyo despavorido o lloro asustado antes de que pase nada. Pero salvo esas ocasiones soy tremedamente feliz jugando con él, despertándome con él, recibiéndole a la salida del cole… ¡¡Mi tato Mikel es lo que más admiro en el mundo!!
Por él hago lo que sea y él por mí también. Cualquiera que no se fije bien puede pensar que sólo sabemos chincharnos pero los que de verdad nos conocen saben que no podemos vivir el uno sin el otro. En esata etapa de mi vida en la que empiezo a mostrar cierta rebeldía hasta ahora inusual en mí, me hago el orejas cuando me mandan hacer alguna cosa. Seguramente después llega la reprimenda y la amenaza de un castigo cuando la negativa sigue… entonces el tato, para evitar llegar a mayores, hace la tarea que debía hacer yo. Aunque sea algo que a él le cueste muuuucho hacer (por ejemplo recoger los juguetes), aunque no vaya con él el tema… Él lo hace por mí. Aita y ama se quedan tan gratamente sorprendidos que no dicen nada. Yo ya sé que nos debemos el uno al otro y que le devolveré el favor y el cariño en breve… porque nos queremos mucho.
¡A seguir jugando!


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