Por todos es sabido que el que no arriesga no gana; para ser independiente y lanzarse a la aventura de caminar solo hace falta ser arrojado. Lo soy, sin duda. Y el precio es caerse muchas veces; unas de culo (lo mejor al estar amortiguado por el pañal), otras de cabeza (bueno, la tengo dura después de tantas caídas), otras de frente (éstas sí que duelen)… Pero siempre llega el consuelo de alguien amoroso y se pasa enseguida. Lo que no me parece nada bien es caerme porque Mikel me empuje. Eso lo llevo bastante mal y entonces lloro de disgusto; quiero jugar con él pero no así!

Caerse de culo es un mal menor... seguir levántandose es lo importante

¡Arriba y a seguir con la exploración!